Movilidad sostenible urbana. Por unas ciudades más sanas

Movilidad sostenible: transporte público. Foto de Fabrizio Verrecchia

Ya somos 8000 millones de personas las que vivimos en este planeta, el 57% vivimos en las ciudades y la tendencia es el crecimiento.

Si queremos vivir de forma más respetuosa con el medio ambiente del que formamos parte, y encontrar soluciones a grandes problemas sociales y ambientales de nuestros tiempos, es indispensable que nos repensemos las ciudades que queremos y que logremos hacer de ellas espacios más sostenibles y seguros para todas las personas que los habitan.

Por eso, el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU, número 11 es lograr que las ciudades sean más inclusivas, seguras, resilientes y sostenibles. 

Hacen falta muchos cambios para cumplir todas las metas de este ODS, que implican garantizar la igualdad de acceso a vivienda y servicios adecuados, la creación de zonas verdes, la gestión participativa, el uso eficiente de recursos y mucho más.

Pero también es necesario, entre otras cosas, una apuesta clara por una movilidad urbana sostenible, que ponga en el centro al bien común. Y es este el tema en el que me voy a centrar hoy.

Movilidad sostenible. Ciclista y bus se cruzan en Barcelona. Foto de Pere Jurado (Unsplash)

¿Qué es la movilidad sostenible urbana?

El término movilidad sostenible nos habla del desplazamiento de personas y mercancías por la ciudad, realizado de forma responsable, limpia, energéticamente eficiente y reduciendo los impactos ambientales asociados a la misma. 

Sin movilidad sostenible no puede haber un desarrollo sostenible. Y el gran reto de la movilidad urbana sostenible es lograr satisfacer las necesidades de las personas (necesidades reales)  teniendo en cuenta y respetando también las necesidades y los límites del medio ambiente y de todos los seres vivos.

De hecho, la movilidad sostenible urbana también está relacionada directamente con los ODS de salud y bienestar, agua limpia y saneamiento, energía asequible y no contaminante, reducción de las desigualdades e incluso con la producción y consumo responsable.

Características de la movilidad sostenible en la ciudad

Para poder hablar de una movilidad sostenible, tenemos que asegurar varias condiciones:

  • Cero o bajas emisiones de gases de efecto invernadero
    Esto es bastante obvio: de hecho, en las ciudades, el transporte a motor es la principal fuente de gases de efecto invernadero.
  • Reducción de la contaminación ambiental al mínimo
    Relacionado directamente con el anterior. La contaminación atmosférica mata cada año a 9 millones de personas de  forma prematura (el doble de las muertes causadas por el COVID en los primeros 18 meses de la pandemia).
    En la mayoría de las ciudades,  la principal causa de contaminación es el tránsito de coches privados. Esta noticia lo confirma para mi ciudad, Barcelona.
  • Menor uso del espacio público
    Movilidad sostenible también es devolver los espacios de la ciudad a las personas. Por hablar de nuevo de Barcelona, aquí el coche ocupa el 60% del espacio público. Un sinsentido.
  • Inclusión
    La movilidad sostenible debe tener en cuenta las necesidades de todas las personas y, especialmente, de aquellas que se puedan encontrar en una situación de vulnerabilidad.
  • Diseño urbano eficiente
    El buen diseño urbano también es indispensable para poder hablar de una movilidad sostenible. Por decir algo importante a favor de Barcelona: ¡Aquí ya tenemos 247 km de carriles de bici!
Movilidad sostenible: bici compartida (Bicing, Barcelona)
Cada vez hay más alternaticas de movilidad compartida. También en bici.

¿Y qué tipo de movilidad es realmente sostenible?

Ya sabes que no me gusta dejar los conceptos al aire. Al contrario, me gusta hacerlos palpables y claros, para que puedan ayudarte a tomar mejores decisiones y a valorar alternativas. 

Por eso quiero repasar los distintos tipos de transportes por los que podemos apostar si queremos alcanzar una movilidad sostenible. 

Caminar

Es saludable, gratis y no necesitas nada más que calzado cómodo.

Disfruta del camino, sonríe a la vida, haz salud y descubre nuevas perspectivas de tu ciudad. ¿Sabías que caminar al menos 7000 pasos de media al día reduce el riesgo de mortalidad prematura de un 50 a un 70%?  

Además, al caminar no generas más CO2 que el que sale de tus pulmones y la ocupación del espacio urbano es la mínima. No hay una forma de trasladarte de un lugar a otro más sostenible que caminar Y si caminar en tu ciudad no es algo muy “amable», entonces puede que te toque exigir cambios en el diseño urbano. ¡Saca tu lado más activista y exige cambios!

La bici

Después de caminar, es la forma de desplazamiento más económica. Y para distancias cortas y medias en la ciudad (a partir de 1km), es la más rápida. Además, igual que andar, te ayuda a mantenerte en forma, es súper saludable, no contamina el aire y no tiene más emisiones de efecto invernadero que las generadas durante su fabricación y transporte inicial. Y espero que estos los amortices usando tu bicicleta por mucho tiempo.

Me encanta contar anécdotas, así que aquí viene una: Yo compré una bicicleta plegable Brompton de segunda mano en el año 2003 y la usé incansablemente hasta que la vendí para comprar una con más marchas el año pasado, en 2022. La compré nueva y flamante en Okocicle, y lo hice feliz porque la primera me había servido fielmente durante mucho tiempo y pienso disfrutar de la segunda por muchos años también (estas bicis son increíblemente buenas). Así que toma nota y, si tienes una bici cogiendo polvo en el trastero, ponla a rodar y si no tienes, busca alguna -seguro que puedes conseguir algo de segunda mano por un buen precio si no quieres invertir mucho.

El transporte público

En el transporte público englobamos el metro, los autobuses, los trenes urbanos, tranvías, y más. Evidentemente, unos tienen mayor impacto que otros, pero todos entran en la misma categoría y son una opción excelente para desplazarnos de forma sostenible.

Yo soy más de bici, pero me encanta hacer largos trayectos en transporte público con un buen libro en la mano o escuchando uno de mis podcast preferidos. Algo importante cuando el tiempo libre es un bien tan escaso. De hecho, ahora me acabo de mudar a un coworking que no tiene un buen carril de bici que lo comunique con mi casa (de momento, porque ya está diseñado) y estoy disfrutando de mis rutas en bus y metro tranquilamente. Y es que el transporte público, cuando funciona bien, tiene un punto de relax, porque solo tienes que dejarte llevar sin preocuparte demasiado por nada.

Pero eso no es todo. El índice de accidentes de tránsito en transporte público es mucho menor, lo que lo hace un medio muy seguro. Como en un vagón de metro o un autobús caben muchas personas por metro cuadrado, ocupa menos espacio urbano (entre un 20 y un 50% menos que un coche privado), consume menos energía y, por lo tanto, produce menos emisiones de gases de efecto invernadero que movernos en nuestro propio coche. Por cierto, Barcelona tiene como objetivo que el 100% de su flota de autobuses esté formada por coches eléctricos, híbridos y de gas natural para finales del año que viene, el 2024. Esto no es la perfección pero es un objetivo importante.

Coche compartido

Puede que no tengas la buena suerte de tener un buen servicio de transporte público disponible, y que ir en bici o andando no sean tampoco una opción para ti. En ese caso, una buena alternativa es compartir el coche para reducir el impacto ambiental de tu ruta.

Míralo así: Si dos compañeras de trabajo van en el mismo coche al trabajo, la huella ambiental de ese trayecto se reduce a la mitad. Si viajan cuatro, se reduce a la cuarta parte. Del mismo modo también se divide el coste del trayecto, con lo cual todas ahorran dinero.

En este post, que escribí hace años ya, encontrarás un repaso de distintas alternativas que fomentan el uso compartido del coche en España. Hay algunas enfocadas en compartir el trayecto y otras de car-sharing, que es cuando te asocias a una entidad que tiene una flota de coches para el uso compartido, normalmente ocasional, entre sus clientes.

En casa somos muy de compartir coche, algo que hemos hecho con distintos modelos, más o menos formales, a lo largo de los años.

Coche privado eléctrico

En la “pirámide” de la movilidad sostenible, el coche privado está en la punta. No hay dudas de que necesitamos ciudades con menos coches, pero tampoco de que además necesitamos coches más eficientes y de bajas emisiones.

Pero el coche seguirá formando parte de nuestras ciudades. Y aquí es donde el coche eléctrico adquiere importancia: si queremos alcanzar los objetivos de emisiones netas iguales a cero para el año 2050, es indispensable que el transporte a motor pase a ser eléctrico, especialmente en los recorridos relativamente cortos de las ciudades, donde la autonomía de una batería es más que suficiente y donde hay mayor concentración de coches.

Evidentemente, el coche eléctrico no está libre de emisiones. De hecho, su fabricación es más contaminante que la fabricación de un coche de combustión interna, especialmente por la exigencia de recursos de la fabricación de la batería de alto voltaje y de la electrónica de potencia. Pero el coche eléctrico no va a emitir CO2 durante su circulación, ni va a contaminar el medio ambiente, mientras el coche de gasolina o diésel emitirá gases de efecto invernadero, contaminantes, siempre que sea usado.

De este modo, en un tiempo variable, pero relativamente corto, el coche eléctrico habrá compensado la huella ambiental de su fabricación. Por darte un ejemplo, se calcula que el Smart EQ fortwo compensa su huella de carbono a partir de los 16.600 kilómetros recorridos, esto con electricidad procedente de energía hidráulica. (Esto lo explica muy bien este artículo sobre sostenibilidad de Mercedes Benz en el apartado del punto de equilibrio y, un dato: toda la flota de smart es 100% eléctrica desde el 2020).

Aquí nos entra otro tema relacionado con el coche eléctrico: para que las emisiones de un coche eléctrico realmente sean iguales a cero, tenemos que garantizar también que este se alimentará de energías 100% renovables, pero esto no hace más que recordarnos que la sostenibilidad no se alcanza por un solo camino. Y otro reto que da para un artículo completo: también es necesario lograr un eficiente reciclaje de las baterías, una vez acaba su vida útil.

Por cierto, ya he dicho que no soy de coches y no me gusta conducir, pero si me mudara a un lugar totalmente distinto en el que necesitara forzosamente un coche, me pediría uno de estos Smarts, que son preciosos todos y es un coche con el que no voy a ocupar más espacio urbano del estrictamente necesario.

De momento, sigo con mi bici, mis dos pies y mi bus, agradeciendo disfrutar del privilegio de vivir en una ciudad donde con esto me basta y sobra.

Movilidad sostenible. Yve Ramírez en bici por un carril bici.

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