¿Vivir en marte? No, gracias. Yo no quiero un planeta B

Vivir en marte

La imagen de la cabecera es producto de un estudio de arquitectura llamado AI SpaceFactory, que ha diseñado para la NASA, al mínimo detalle, una hipotética ciudad en Marte. Una proyección de cómo sería vivir en Marte, que no está hecha para una película de ciencia ficción, sino como puerta de escape de una Tierra arrasada por el desastre.

Ya lo habrás escuchado antes. A Elon Musk, mega empresario y director general de SpaceX se le ha metido entre ceja y ceja la idea de llevar humanos a vivir en Marte y pareciera que lo logrará muy pronto. Concretamente, la idea es llevar los dos primeros en 2024.

El turismo espacial ya es una realidad. Pero más adelante, claro que sí, espera fundar ciudades. Colonizar el planeta rojo. Que lo de colonizar nos va, aunque a algunos humanos mucho más que a otros.

Tiene sentido porque, ¿quién sabe?. Igual nos choca un meteorito, lo mismo que arrasa con todo una pandemia o, simplemente, jodemos tanto este planeta Tierra, que no queda más que huir de él.

Yo algo de esto había leído, muy de pasada. Pero este verano, con vistas al Pirineo gracias a un intercambio de casas (¿te he dicho que soy fan de los intercambios de casas por vacaciones?), vimos un documental que me hizo estallar la cabeza. Lástima que no he podido encontrarlo en la red para compartirlo.

Era más bien malo, ojo. Fue uno de esos programas que solo ves cuando haces zapping, mando a distancia en mano, y te dejas arrastrar. En casa no lo hacíamos desde hace siglos, porque tenemos la televisión desconectada de las antenas tiempo antes de la llegada de Netflix.

Lo cierto es que este documental, que trataba sobre todo de la posibilidad de que haya vida en otros planetas, analizó también los proyectos de la ciencia para lograr llevar al espacio la vida humana, y en un futuro, vivir en Marte.

Por primera vez, le dediqué unos minutos más de consciencia a esta posibilidad.

Supe, por ejemplo, que el mismo Stephen Hawking ya habló de la colonización de otros planetas como el seguro para una supervivencia futura frente a muchos tipos de catástrofes, incluida sobrepasar la línea de fuego en materia de calentamiento global.

Pero vivir en otros planetas no es cosa de coger un cohete, como quien coge un avión, y montarse una casa. Aunque Marte es el lugar fuera de la tierra en el que, hasta donde sabemos, tendríamos mayores posibilidades de sobrevivir, si no vamos bien preparados, moriríamos en un instante.

Vivir en marte

Para vivir en Marte

Los edificios, en esta ciudad del futuro, será impresos en 3D usando materiales marcianos, claro está. Al menos esta es la propuesta de la imagen de la cabecera. Se necesitan 30 horas para acabarlos y ninguna asistencia humana.

Fuera tendremos un gran desierto inhabitable pero, no te preocupes, dentro tendrás todas las comodidades y podrás quitarte el traje espacial. ¡Hasta cultivarás las plantas que comerás!

Además, se ha propuesto que tal vez se podría dotar a Marte de un campo magnético artificial (una magnetosfera de laboratorio) para protegernos de las radiaciones y del “viento solar” (que no sé bien qué es). Esto, además, ayudaría a regular la temperatura marciana -me encanta usar el adjetivo marciano- y finalmente, dicen que podríamos tener agua… Un lujo.

Además, no te preocupes. Dicen que es posible modificar el ADN para adaptarnos a las condiciones (de radiación, presión..), e incluso tener descendencia razonablemente saludable en Marte.

Seguramente esto reduciría el mayor riesgo de cáncer, el debilitamiento óseo, los problemas de visión,y otros inconvenientes asociados a cambiar de planeta. No creo que llegue a reducir, eso sí, los insoportables niveles de estrés.

Pero, vamos, una ganga. Un edén espacial.

Una corta reflexión sobre las desigualdades

Podría escribir un blog entero sobre las desigualdades y cómo se reflejan en todas las esferas en las que entra la vida humana: cambio climático, salud, educación, estrés, resiliencia…

No profundizaré en esto, pero te invito a escuchar este capítulo de Orgullo Terrícola en el que hablamos de feminismo y cambio climático. Aunque se centra en diferencias de género, tocamos también las desigualdades económicas y sociales, y sus paralelismos en la vulnerabilidad frente a la crisis climática. Y es que de hecho, la historia es la misma: las personas más vulnerables frente a los grandes problemas, siempre son las mismas.

Ahora mismo sólo te pido que pienses en lo inmensas que serán las desigualdades en un mundo en el que la clave de la supervivencia está en Marte.

Elon Musk nos dice que no. Que las primeras personas en vivir en Marte serán grandes aventureros -seguro todos muy machos- que desafiarán los peligros buscando emociones. Puede que sea cierto. Quizás envíen antes para adaptarse y poner las casas bonitas a unos pobres desgraciados (esta historia me suena conocida). Pero ya podemos inferir quiénes tendrán prioridad a la hora de un lanzamiento forzoso ante una situación de desastre.

¿Hemos enloquecido?

Diría que sí. Hemos enloquecido. Una parte de la humanidad, que por lo visto ha estudiado muchísimo más que tú y que yo, y que entiende de cosas que para ti y para mí están en chino, está gastando energías y muchos millones de dólares en el proyecto de dejar este planeta hermoso para vivir en el desierto polvoriento de Marte,. Eso sí, con hermosas vistas a la Tierra.

Esa Tierra que, mientras tanto, vamos consumiendo a una velocidad de pánico. Casi literalmente, consumimos 1,6 planetas al año. Visto así, puede que necesitemos ir pensando en un destino al que viajar cuando acabemos con este. (Para volver a comenzar la misma historia, supongo).

¡Pero si vivimos en el paraíso! En un planeta hermoso, que te hace llorar de pura felicidad con sus paisajes, ya sea el mar que besa suavemente la arena o que revienta con furia contra las rocas. Con montañas que parecen cortadas por un ser de otro mundo y cascadas de agua que caen desde el cielo. Ese cielo azul profundo que a veces te corta el aliento.

Con selvas majestuosas pobladas de árboles que parecen ejércitos de dioses despeinados. Bosques misteriosos, ríos llenos de vida, glaciares mágicos y, que no se me olvide, océanos (casi) infinitos llenos de seres que aún no somos capaces ni de imaginar.

Infinidad de escenarios que, de solo verlos, te hacen sentir un nudo en medio del pecho.

Y nosotros, los humanos, estamos diseñados para este paraíso. Tanto, que hemos llegado a creer que podemos usarlo como un traje a medida, recortarlo aquí y allá y transformarlo según nos apetezca.

¿Cuándo llegamos a imaginarnos que era mejor idea modificar el planeta rojo y crear fortalezas espaciales en las que vivir, que salvar nuestra Tierra del desastre al que la estamos arrastrando? ¿Cuándo torcimos tanto nuestras perspectivas que vislumbramos la vida en otro planeta como una posibilidad más alcanzable que detener la destrucción de la vida en la Tierra?

Y sobre todo, ¿cómo es que no estamos poniendo todas nuestras energías, recursos, ingenio, dinero, poder, etc, en salvar el único planeta para el que hemos sido “creados” y el que, desde lejos, es el más maravilloso, hermoso y perfecto que conocemos?

Me he dejado llevar por el teclado y las emociones, y me he puesto catastrofistas y nostálgica a la vez (además de poco científica, lo sé, perdóname por ello).

Pero ya sabes, soy La Ecocosmopolita y la esperanza es mi motor. No pienso dejarte ir sin mostrarte una luz.

No hay planeta B

No hay un planeta B es una frase hecha que vemos sin parar en marchas ecologistas, en cuentas de Instagram y en tableros de Pinterest. Y ahora resulta que tal vez sí.

Puede que haya un planeta B. Les han hecho trizas el lema.

Hay quien se hace ilusiones con esta perspectiva de una escapada espacial.

Yo, con todo mi orgullo terrícola revuelto, solo sé que NO QUIERO UN PLANETA B.

Yo ya tengo un planeta que me hace estremecer de emoción cada vez que abro un poco los ojos y le dedico un trocito de mi atención. Y por eso quiero hacer todo lo que esté en mis manos para conservar este planeta en el que me ha tocado vivir y ayudar a mantenerlo así de hermoso, y más.

Y llevarme conmigo a quien pueda. Tú no te escapas.

De hecho, este año estoy atando cabos sueltos, pero el 2021 quiere ser el año más activista de La Ecocosmopolita.

Porque ante la situación de emergencia ambiental que vivimos, si no queremos huir a Marte, nos toca darlo todo por la Tierra. “No hay tiempo para ser pesimistas”, escuché hace poco en otro documental, que ahora tampoco logro recordar cuál era.

D¿Y tú, te irías a vivir a Marte? ¿Emigrarías, si pudieras, a un planeta B? Sé que no, porque si estás aquí es porque lo amas tanto como yo.

Colección limitada

Todas estas reflexiones que se me han revuelto mucho en los últimos meses. Y tenía ganas de gritarlo: ¡yo no quiero un planeta B!!!

Entonces volvió la vieja idea de hacer una colección de camisetas activistas y yo tenía claro qué quería que dijeran. A mi querido Ramón París se le ocurrió la idea de añadirle unos protagonistas peludos de su pluma y nos mató de amor con el resultado:

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La colección Yo no quiero un planeta B es un “divertimento” de emprendedoras activistas, y por eso es una edición limitada. De hecho solo se producirá bajo demanda para otras y otros activistas con amor por las cosas bellas. La camiseta gris es unisex, por cierto.

En 10 días pasaremos el pedido de todas las unidades que hayáis comprado, tal vez alguna más, y podremos enviarte la tuya durante la segunda semana de diciembre.

Si te gustan tanto como a nosotras y si tú tampoco quieres un planeta B, haz click y pídelas ahora. Si te descuidas, ya no habrá más oportunidades.

Y si tú también quieres vivir en este planeta por encima de todas las cosas, recuérdalo a cada paso de tu vida, grítalo al viento, arrastra a quien puedas, y vive lo mejor que puedas cada segundo de tu preciosa vida.

5 comentarios de “¿Vivir en marte? No, gracias. Yo no quiero un planeta B

  1. Patri dice:

    ¡Qué bueno! Me ha recordado a una clase de inglés en la que nos propusieron este debate de exploración espacial y cuidado de nuestro planeta. Yo evidentemente defendí el cuidado del planeta y una compañera se enfadó muchísimo. Me dijo que era por personas como yo que el mundo no avanzaba y que iba en contra de la ciencia y el progreso. A mí me dio un poco la risa la situación ¿cómo van a estar reñidos el cuidado del planeta con la ciencia? En fin, la profesora tuvo que pararla porque se estaba llevando un sofoco. Me pregunto si se sofocaría hoy leyendo tu entrada o si ya habrá entrado en razón. ¡Un abrazo!

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