La meditación debería ser asignatura obligatoria

De corazón que sí. La meditación debería ser asignatura obligatoria en las escuelas.

En los últimos meses he descubierto la calma que la meditación puede traer a mi mente y no he podido más que preguntarme ¿cómo no aprendí a meditar antes? Por eso he querido compartir contigo mi incipiente experiencia con la meditación, que espero que te sirva de inspiración para iniciarte en la práctica o, si ya lo has hecho, dar un paso adelante.

Me gusta decir que el optimismo es mi motor. Creo que soy alegre, positiva y que esto es, en parte, lo que le da sentido y forma a La Ecocosmopolita. Si fuera una pesimista, pensaría que lo que hago no vale la pena.

Pero también sufro de mucho estrés. Y así como este proyecto ha desencadenado muchísimas cosas hermosas que, en parte, han transformado mi vida para mejor, y me llenan de ganas de moverme hacia adelante, también me ha traído una presión importante que seguramente no se ve en la distancia.

Y es que todo esto me ha llevado a tener muchos frentes abiertos a la vez: un trabajo de cuya nómina aún dependo, más la familia, el blog, la tienda de Usar y Reusar, el activismo con 350 BCN… Si no fuera por Mr. Encargobike, quien se ha cargado a tope del trabajo de casa para ayudarme, no podría llegar a todo. Y a veces, igualmente no llegamos. Y el problema no es que no pueda hacer eso y más, sino que me cuesta enfocarme, darle su justa importancia a cada cosa y mantener el balance.

Aprender a meditar y recuperar la calma

 

Cuando la concentración escapa

Lucía es una amiga muy querida que practica la meditación desde hace mucho. El año pasado me dijo que Luis (su marido) llevaba algunos días meditando con ella y le había comentado que se sentía mucho más acertivo, eficiente y con mayor capacidad de concentración desde que habían tomado esa rutina. Viniendo de Luis, un amigo que vale oro pero pragmático como pocos, decidí que si él podía, yo también tenía que ser capaz de aprender a meditar.

Entonces Lucía me envió un par de podcast de meditaciones guiadas.

Me sorprendió muchísimo que desde el primer día noté el cambio.

Siempre he sido distraída, pero el hecho de llevar casi diez redes sociales, como me pasaba el año pasado, además de estresante, me ha hecho aún más dispersa. Internet nos acostumbra a información fragmentada, y a saltar de un contenido a otro sin parar. Empezaba a notar que me costaba concentrarme para escribir, e incluso para hacer lecturas profundas en papel, sin pararme a ver el móvil o cualquier otra cosa. Una vergüenza, porque desde niña he sido siempre una devoradora de libros. Por eso las palabras de Luis fueron la inspiración que me hacía falta. Desde luego, todo esto acompañado de hábitos de “higiene digital”, como apagar los dispositivos un rato antes de irme a dormir.

¿Ansiedad yo?

El punto de flaqueo siempre es la constancia. Cuando empezó a avanzar el proyecto de Usar y Reusar, me tocó inevitablemente dedicarle más horas. Sin darme cuenta, la meditación quedó en el olvido. Pero por algún tiempo.

En noviembre, aún con tropezones con la confección de las bolsas de granel, los cambios en la web y todo lo demás, empecé a sentir que en algunos momentos que me  superaba la presión por acabar todo en los tiempos que me había fijado. Empezaba a sentir verdadera ansiedad. Incluso a ratos tenía la sensación de que me faltaba el aire. Ahora que lo cuento me parece que suena ridículo, pero para mí era un momento importante. Eran muchos meses de trabajo y la Navidad se nos echaba encima.

En ese momento, por falta de recursos y tiempo, se me ocurrió buscar en YouTube meditaciones específicas para trabajar la ansiedad, y quedé sorprendida por la manera en la que 10 o 15  minutos de meditaciones guiadas me devolvían la calma. Así sobreviví a esos días con la meditación como balsa. Meditando algunos días hasta tres veces al día. Tan pronto como sentía un signo de ansiedad, buscaba un momento para ponerme los auriculares y dar tregua a mi mente.

¿Dónde está el botón de stop?

2017. La tienda en marcha, con buen pie. Sin darme cuenta, he vuelto a dejar la meditación de lado. Seguramente porque estoy muy contenta, animada. Parece que todo va sobre ruedas.

Pero hay miles de ideas se atropellan en mi mente: ¡hay tanto que podemos hacer para que el proyecto crezca! Y tanto trabajo por hacer, y tanta adrenalina de la buena. Así que mi cerebro se ha convertido en una locomotora que no descansa. Parece que echa humo. Algunas veces llego a levantarme a mitad de la noche para apuntar en una libreta algo que se cruza por mi mente. Tengo infinidad de listas de cosas por hacer, y me cuesta enormemente desconectar del trabajo. El problema es que empiezo a dormir francamente mal, porque mi cabeza parece ir a miles de revoluciones. No sé qué tipo de meditación es la más adecuada. Las que he encontrado me ayudan a dormir un poco mejor, pero siento que necesito algo más. Así que esta vez decido que ya es hora de dar un paso adelante y realmente aprender a meditar. Llamé a mi amiga Lou Pérez de Slow Lou.

Retorno a la presencia a través de la meditación

Sigo de forma inconstante pero cercana a Lou desde hace mucho. Me encanta lo que transmite, me parece una persona muy segura de lo que hace y, simplemente, es encantadora. Y sabía que tenía algún curso de meditación. Así que le conté más o menos todo lo que aquí te he explicado en estas primeras líneas y le pedí consejo. Y ella me recomendó trabajar más a fondo, con constancia y método, para ir más allá de los parches que pueden representar las meditaciones aisladas. Para poder llegar a la esencia del problema.

Y para eso me recomendó un curso de  meditación online de su autoría, llamado Retorno a la presencia, con el que nos invita a darnos de cuenta de cómo nos ponemos a nosotros mismos en el ojo del huracán, ahogándonos de forma innecesaria y olvidando que todo en nuestra vida es impermanente. A mí me gustó sobre todo el título, porque justamente había notado que me costaba estar presente. Es decir, en lugar de dormir, disfrutar de una caminata o vivir un rato en el sofá con la familia, estaba todo el tiempo pensando en trabajo, en lo que estaba dejando de hacer, y en algo ajeno al minuto real en el que me encontraba.

Curso de meditación online, Retorno a la presencia
Retormo a la presencia. Curso de meditación online

Mi experiencia con Slow Lou

Comencé el 1 de febrero y desde el primer día conseguí hacer “silencio” en mi mente. Durante la meditación, obviamente, pero también después de la meditación. No sé cómo describirlo pero fue exactamente como si tuviera un LP estruendoso girando en mi cabeza a toda velocidad sin pausa 24 horas al día, y de pronto alguien lo hubiera detenido. Paz. Silencio. Capacidad de concentración desde el primer día. He intentado hacerlo cada mañana y cada noche, y sé que me queda mucho por andar, pero también sé que estoy en el camino correcto.

Claro que hay cosas para las que seguramente nunca estamos preparados…

El dolor sordo de la muerte

El viernes 17 de febrero, al encender el router al levantarnos, sonó el teléfono. Sabía que eran malas noticias.

Mi papá había muerto. A kilómetros de casa. A kilómetros de mí y de todos sus hijos. Hacía tres años que no lo veía. Hacía días que no hablaba con él.

Vértigo, ganas de vomitar, necesidad de llorar desde cada célula de mi cuerpo. Después de que Mr. Encargobike llevó a las nenas a la escuela, tuve que firmar una autorización para cumplir algo que él nos había pedido en vida, cremar su cuerpo tras su muerte. Supe lo que era sentir que el mundo se te viene encima. Quería ir a casa de mi mamá y mi hermano, pero el cuerpo no me daba. Así que volví a casa, me zambullí en mis lágrimas y fotos de mi padre, y después de llorar hasta no poder más, volví a escuchar la segunda lección del curso de meditación online de Slow Lou, Retorno a la presencia, que había seguido los últimos dos o tres días. Sentía que no podía volver a salir de casa sin antes meditar un poco. De hecho, la meditación se ha hecho tan importante para mí que una de las primeras cosas que hice fue escribir a Lou.

La vida a veces es desconcertante. Porque esta segunda lección que ya estaba trabajando, al hablar de la “impermanencia”, habla de la muerte. Como Lou me dijo, no hay forma de escapar de este dolor. Pero la meditación ha sido como una tabla a la cual aferrarme estos días en los que parece que la corriente podría arrastrarme hasta el fondo. Una columna de la que sujetarme para no caer. Siento que lo hubiera vivido de una forma muy distinta de no contar con su ayuda.

Y ya sabes por qué me salté el post de la semana pasada. Me está costando mucho volver al trabajo, pero aquí vamos, poco a poco. Tal vez un día me anime a escribir más sobre la muerte de mi padre. De momento, hoy hablamos de meditación.

¿Quieres aprender a meditar?

Tal vez te preguntes por qué te cuento todo esto. Y hay muchas razones. Primero, porque aunque soy totalmente amateur, para mí la meditación ha sido uno de esos descubrimientos que tienen el potencial de cambiarte la vida, y me sentía en la obligación de compartirlo contigo. Que para eso estamos los amigos, ¿no? para compartir cosas buenas. También porque realmente en los últimos meses me he cargado más de lo que debería, y me parece que lo honesto es mostrar también la cara menos luminosa de La Ecocosmopolita (no quiero ser un mal ejemplo de la súper woman que nunca deberíamos tratar de ser). Y también, simplemente, porque para poder reemprender el camino, de alguna forma tenía que desahogarme aquí, que es mi casa, de todo esto que llevo por dentro estos días. Así que muchas gracias por leerme y, en cierta forma, acompañarme.

¿Algo de lo que te he contado hoy ha resonado en ti? Si es así, de verdad, no lo dudes. Busca la forma que mejor se adapte a ti y comienza a  meditar. Y si ya acostumbras meditar, cuéntame lo que significa para ti. Me encantaría saber qué ha pasado por tu cabeza al leer estas líneas. 🙂

 

 

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8 comentarios de “La meditación debería ser asignatura obligatoria

  1. Sandra dice:

    ¡Hola Yve!

    Qué interesante el tema de la meditación y qué de acuerdo estoy contigo en que debería ser una actividad a potenciar entre los más pequeños (que seguro que lo cogerían a la primera).

    Hace años, leí libros acerca de cuál es la mejor técnica para hacerlo pero, está visto que, como todo en la vida, tenemos un exceso de información y poca puesta en práctica a través de la experimentación, que al final es lo que realmente cuenta. Nuestra experiencia nos pertenece y no la de los demás.

    Después de probar mantras, músicas, guías, inciensos, vipassanas y otros tantos métodos/técnicas, he llegado a la conclusión de que para mí todo se basa en la contemplación, mediante el silencio, de la simple respiración: es el hilo conductor, el elemento que tienen todos los seres humanos en común; es un acto reflejo, viene innato en nosotros y si se domina mediante la observación, es capaz de cambiar tanto el paisaje corporal como mental.

    Observar como el aire entra y sale una y otra vez de forma natural, sin forzar, rozando las entradas de la nariz parece una tarea mundana pero jolines, por medio están esos entrañables y simpáticos pensamientos que entran en escena cuando menos te lo esperas. Agudizar la mente, no ponerle emociones a éstos… Creo que básicamente se ha de educar al cerebro para que tienda a focalizarse en la ejecución de una sola tarea; al cabo del tiempo entenderá que “oye, no está nada mal esto de meditar” y lo pedirá más y más. Pronto será como el beber agua o lavarse los dientes; lo sentiremos como necesario en nuestro día a día.

    Muchísimas gracias por tu post y ojalá todos podamos encontrar un ratito para nosotros en modo contemplativo.

    Toneladas de besotes :-*

    • Yve Ramírez dice:

      Sandra querida, sí, totalmente. En realidad es sorprendente lo que puede hacer en nosotros una respiración consciente. Por ir más allá, hace muchos años sufría de taquicardias con frecuencia. Con los años descubrieron que tenía un sindrome importante del que me acabaron operando. Recuerdo que mi papá, que era médico, me enseñó a controlar esas taquicardias mediante la respiración. Aún lo aplico cuando, ya normalmente, se me acelera el corazón porque estoy nerviosa o lo que sea.
      Ahora llevo además dos días nadando de nuevo. Me encanta nadar pero, de nuevo, me falla la constancia y hace tiempo que me había dado de baja en la piscina. La cosa es que hoy, mientras nadaba y contaba respiraciones, sentía como el aire entraba y salía, relajada totalmente y con la mente casi en blanco. Literalmente, los pensamientos pasaban frente a mí pero no estaba reflexionando realmente sobre nada. Hasta que me di cuenta y pensé, jolín, casi estoy meditando. Y entonces recordé cómo en mis últimas temporadas de nado iba nadando a todo pulmón mientras iba organizando mentalmente el día que tenía por delante, lo que realmente era un agobio. Eso me ha dado la meditación. Organizo el día cuando me siento frente a mi libreta a ello, pero no cuando camino, tomo mi té o nado, por decir algo. Y se siente súper bien. Gracias por escribir, y toneladas de besos para ti también.

  2. Lucas dice:

    Hola Yve! … muy lindo post, con el cual estoy totalmente de acuerdo, la meditación cambio mi vida para bien, me ha dado calma, serenidad, certeza, plenitud… en una palabra, PAZ.

    Los que experimentamos los beneficios de meditar, tenemos que compartir nuestra experiencia para que aquel que nos lea o escuche, sepa que hay una alternativa posible para lograr calmar las ansiedades, que pienso es la base del resto de los malestares que aqueja a gran parte de la sociedad.

    En cuanto a tu padre, más allá de que no dejan de ser momentos duros, la vida entera son ciclos que empiezan y terminan… tener éste principio bien acentuado en nuestro ser, hace que situaciones duras como la que te ha tocado pasar, se tomen con calma, sabiendo que el alma (que acompaña a todos los seres encarnados) a tenido miles de vidas antes que ésta, y vaya a saber cuantas más por delante tendrá en su camino evolutivo.

    te envío un gran abrazo, espero andar por Barna en septiembre y poder dártelo en vivo =)

    • Yve Ramírez dice:

      Lucas, Me alegra mucho que te haya gustado el artículo, y sobre todo te agradezco muchísimo que te hayas tomado un momento para dedicarme esas palabras. Nos cuenta mucho aceptar la muerte con la serenidad que deberíamos pero bueno, hay que poner energías en llevarla con mayor sabiduría, y es una de las cosas que trabaja este curso que parece que el destino hubiera puesto en mi camino. Te mando un abrazo, ¡que ojalá se “desvirtualice” pronto!

  3. carmen dice:

    HOla Yve, un abrazo fuerte, y mucho cariño y fuerza, perder a un ser querido es ver como el mundo se tambalea y no tienes brazos ni pierdas suficientes para impedir que todas las piezas salten por el aire, aunque poco a poco todo va volviendo a su sitio, sigue el dolor de la ausencia, el no apego es algo que nos cuesta mucho también.
    Para mi la meditación también ha sido muy importante, y al leer tu entrada me he revisto reflejada en un espejo en cuanto a la falta de atención, concetranción, la cabeza disparada, y también me ha recordado que no soy constante en su práctica, a sabiendas del bien que me hace, así que me pongo manos a la obra, para volver a coger el hábito.

    GRACIAS por compartir estos momentos con nosotros. UN BESAZO

    • Yve Ramírez dice:

      Así es, Carmen, toca irse recomponiendo poco a poco y la verdad pongo mi mejor empeño en lograrlo por mí y porque tengo unas niñas hermosas que me necesitan entera. Supongo que vienen tiempos de altibajos constantes.
      Creo que muchas personas pueden verse reflejadas en la entrada, porque al final creo que la mayoría de las cosas que explico son “males modernos” que nos atacan a casi todos. Así que me alegro de que sirva para reconectar a los que ya conocéís la meditación y, a quienes no lo han probado nunca, les inspire a comenzar de una vez. 🙂 Un abrazo y gracias por la visita <3

  4. Carmela dice:

    Hola Yve, bonita, un abrazo muy grande y fuerte. Me ha encantado leerte. Me he sentido muy identificada con todo lo que cuentas.
    Creo que esa percepción de que una tiene que hacer y hacer todo el tiempo nos ha hecho mucho daño, es hacer menos y de una forma más productiva. Empezar por dentro, por estar bien. A mí la meditación me ha salvado, literalmente. Hubo una época de mi vida que no estaba bien y simplemente 5 minutos, 3 veces al día, solo respirando, han tenido un efecto mágico. Confieso que, a veces, abandono. Atrapada por las prisas y los malos hábitos. Pero al final siempre acabo volviendo porque creo que cuando una conoce el lugar que la hace sentir bien es más fácil volver.
    Gracias por escribir tan desde el corazón

    • Yve Ramírez dice:

      Vamos a tener que comprometernos a recordarnos mutuamente todas las que andamos por el mismo camino, la importancia de respetar estos necesarios momentos, ¿no crees? 🙂 Qué raros somos los seres humanos, que a veces nos cuesta hacer eso que sabemos que nos hace bien (y repetimos cosas que sabemos que no). Gracias a ti por leerme y por dejar por aquí tu huella. Te mando un abrazo grande

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