¿Acabaremos con los océanos?

Foto de Costurilla: https://costurillahandmade.blogspot.com.es/

El pescado es un alimento extraordinariamente sano: una fuente de proteínas con un nivel de grasas óptimo, muy rico en ácidos grasos esenciales como el famoso Omega 3, importantísima fuente de ciertos minerales como el yodo, etc. Pero mientras más conozco lo que está pasando en el océano (hay quien afirma que ya está muerto), más difícil se me hace comprarlo. He perdido la cuenta de cuándo fue la última vez que lo hice.

Cadáver de una tortuga atrapada en una red. Fotografía de Salvatore Barbera.

Estamos acabando con el mar

Se calcula que en los últimos 60 años la pesca industrial, especialmente la pesca de arrastre, ha acabado con el 90% de los stocks de grandes peces de nuestros océanos (por ejemplo, el atún, el pez espada o el bacalao. Nos ha bastado poco más de medio siglo para lograr este desastre.

El libro The end of the line (El final de la línea) de Charles Clover, recoge testimonios de pescadores de todas partes del planeta que relatan como ahora son incapaces de recoger en una semana las mismas cantidades que sus abuelos pescaban en unas pocas horas.

Los países del llamado primer mundo prácticamente han agotado sus mares y han enviado sus grandes embarcaciones pesqueras a otros territorios. Una vez redujeron al mínimo los peces de las aguas menos profundas, comenzaron a pescar cada vez más mar adentro, a mayor profundidad y de manera menos selectiva.

Así, mediante la pesca industrial, se ha hecho posible recoger de los mares más de lo que estos pueden ofrecernos y cada vez se hace más difícil conseguir pescado con los métodos tradicionales, lo que evidentemente perjudica a los pequeños pescadores y a las comunidades que dependen de estos alimentos para subsistir.

Como hemos reducido drásticamente las existencias de los peces de grandes tamaños, que solían ser los predilectos en las mesas del primer mundo, cambiamos los gustos en la mesa. Por lo mismo, cada vez comemos peces más pequeños: ya no damos tiempo de que crezcan y, por lo tanto, de que se reproduzcan. La insostenibilidad del proceso lo hace absurdo.

Si no se cambia la pendiente con urgencia y se apuesta por la pesca sostenible, en cuarenta años podríamos haber acabado con los recursos marinos y las consecuencias serían incalculables.

Pesca de arrastre, una pesca por descarte. Fotografía de Kevin Connors M.Ed.

Cacería de arrastre

Imagina que un grupo de cazadores ata a dos gigantescos vehículos todoterreno una red de más de 1500 metros de extensión y, a gran velocidad, arrasa con todo lo que se encuentra a su paso en la sabana africana: leones, guepardos, elefantes, rinocerontes, impalas, ñus, jabalíes, además de  toda la vegetación, piedras y otras irregularidades del terreno. Evidentemente la red no discrimina ejemplares jóvenes ni hembras preñadas y sólo se salvan, si tienen mucha suerte, los animales de menor tamaño que logran escapar por los agujeros de la malla, aunque muchos quedan atrapados entre los más grandes.

Tras esta máquina terrible queda la más absoluta desolación pero los cazadores se sientan, sin mirar atrás, a revisar su botín: una masa de criaturas muertas o agonizantes. Separan un tercio de los ejemplares capturados porque no hay mercado que los consuma, bien por su pequeño tamaño, bien porque no tienen buen sabor o porque, simplemente, están demasiado destrozados. Para terminar, apilan los cuerpos heridos y los cadáveres en medio de la llanura, formando una montaña aterradora, y marchan a casa.

Con la descripción de esta escena imaginaria, que yo he interpretado con total libertad y de memoria, comienza el libro The end of the line. Evidentemente es ficción. Si se realizara una cacería de estas dimensiones y características devastadoras en una sabana, tendríamos asegurado un escándalo  internacional. Sin embargo, esta espeluznante imagen corresponde a lo que hace la pesca de arrastre diariamente en los fondos marinos de nuestro planeta.

Peces en red. Fotografía de Julie Brazier

El autor ha trasladado la escena a la superficie de la tierra para, de una forma simbólica, acabar con su invisibilidad. Porque, como dice Clover (igual que muchos otros amantes del  mar), nos duele poco lo que sucede bajo el agua porque el velo del mar nos impide verlo y porque a los que vivimos en las ciudades sus habitantes nos resultan menos cercanos que los osos polares o los elefantes, por decir algo. Sin embargo, ninguna especie ha sido llevada al borde de la extinción a la velocidad que ha sucedido con una gran variedad de especies marinas.

Lamentablemente, el pasado 10 de diciembre el parlamento europeo volvió a votar a favor de los intereses económicos y dejó pasar la oportunidad de vetar la pesca de arrastre de profundidad en el Atlántico, entre otras malas decisiones a las que no debemos acostumbrarnos. Pero no debemos sentirnos derrotados (aunque sí muy indignados). Hay que seguir luchando por un cambio urgente y, como siempre, iniciar el cambio desde casa: es hora de comenzar a averiguar de dónde viene el pescado que comemos y cómo ha sido capturado.

Te dejo, a modo de despedida, el tráiler de la película Al final de la línea, que fue presentada en junio de este año, y te invito a visitar su página en español: Un mundo sin peces.

Y una amenaza: la ecocosmopolita seguirá hablando del pescado que comemos y su sostenibilidad.

5 comentarios de “¿Acabaremos con los océanos?

  1. mstr dice:

    sabía que este tema era delicado, pero no tanto…

    una vez más insisto en que -lamentáblemente- tu optimismo se aleja un poco de la realidad. Siempre se tomarán esas decisiones como la de la pesca de arrastre en función de la economía y de estirar los problemas lo más posible para que les toquen a los que vienen después.

    hay gente que tiene años luchando por cambios urgentes… y nada… antes era urgente, ahora muchos problemas muy graves son casi inevitables porque no se hizo el cambio en su momento. es triste, pero es así.

    era para ayer, no para hoy ni para mañana…. es una lástima.

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