Rompe el paradigma y cambia de hábitos

Camino en el otoño

A veces, pensar en cambios se nos hace sumamente cuesta arriba. Nos convencemos de que las cosas no pueden ser de otra forma. Pero resulta que vivimos, unos más, otros menos, con un nivel de consumo cuyo precio real es mucho mayor que el que pagamos. Nuestro ritmo de vida actual exige a la tierra el doble de lo que ella es capaz de reponer y, frente a esta realidad, es evidente que necesitamos modificar nuestra forma de vida, y ya.

Debemos asumir que es necesario cambiar de paradigma y, sobre todo, debemos asumir que nosotros sí somos capaces de hacerlo. No es hora de culpar al entorno de lo que no podemos hacer, sino de empoderarnos de nuestras vidas y del papel que jugamos en ellas. De romper los esquemas con los que hemos sido educados y comenzar a cambiar nuestros hábitos de forma profunda.

  • Si durante décadas hemos ido sumando falsas necesidades a velocidad de vértigo, tal vez nos ha llegado la hora de comenzar a cuestionarnos cuáles de estos objetos que creemos vitales realmente nos aportan un valor que justifique su existencia.
  • Es nuestra responsabilidad saber discernir, ser conscientes de los alimentos que llevamos a nuestras bocas y saber que sí hay otras opciones que los cócteles de aditivos.
  • Es nuestro deber saber qué consumimos, por lo que significa para nuestra salud (y para las de aquellos a los que alimentamos) y porque con cada compra, cada consumo, decidimos apostar por un proyecto en lugar de cualquier otro.
  • Es tiempo de alzar la voz, quejarnos, protestar y dar la espalda a quienes respaldan la cara del mundo de la que no deseamos formar parte. De enviar cartas, hacer denuncias, iniciar movilizaciones, hablar, gritar.
  • Nos corresponde redescubrir el placer de las cosas, los gestos, los rincones, los objetos más sencillos.
  • Es tiempo, también, de retomar artes de antaño, como amasar y dejar fermentar un pan, preparar conservas, zurcir el agujero en un jersey, tejer una bufanda, reparar esa silla a la que se ha roto una pata, plantar un huerto.
  • Nos toca cambiar los hábitos que creemos inquebrantables, y recordar que hay otra manera de hacer las mismas cosas (trasladarnos, comunicarnos, viajar, producir, educar, organizarnos, comprar, trabajar, divertirnos…).
  • Tenemos que crear nuevas redes de comunicación, que nos ayuden a reconocernos como colectivo y, de este modo, identificar las necesidades compartidas y solucionarlas de tal manera que todos salgamos ganando.
  • Debemos trabajar la solidaridad, recuperar el trueque, hacer que en este ecosistema del que formamos parte, todo tenga un sentido más lógico y los ciclos de vida de todo lo que nos rodea sean más sanos.

Debemos tomar acción desde el día a día. Estoy convencida. El cambio tiene que nacer de nosotros, no podemos esperar que nos lo sirvan.


¿Qué es lo que más te cuesta cambiar a ti?


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