Cuarteto en bici por el Canal du Midi (V)

cargobike saliendo de Homps

Día 7. El final de la ruta: De Homps a Sallèles d’Aude

El viernes fue nuestro último día en bici. Nos levantamos temprano, desayunamos, recogimos todo rastro del lugar (salvo las instalaciones orgánicas de las niñas), pasamos de nuevo por los lavabos de la zona de baños del lago y, finalmente, regresamos al Canal du Midi. Rodamos junto a él con el placer y la nostalgia de quien dice hasta luego, pero sabe que para el próximo encuentro puede faltar más de lo deseado. Y, afortunadamente, este primer tramo del día nos regaló muchas de esas imágenes hermosas, llenas de reflejos, puentes y esclusas que esperábamos. Deseaba grabar para siempre cada escena que pasaba frente a mis ojos.

El camino, ya lo habíamos notado el día anterior, estaba en peores condiciones en este tramo final y el sol había vuelto a calentar con fuerza. En algunos puntos era simplemente imposible decidir cuál de los dos lados del canal podía ser más adecuado para las bicis aunque, a pesar de todo, Amanda aún era capaz de echar una siesta en su esquina del cajón de madera, mientras la Bullitt se peleaba con rocas, raíces y otras irregularidades. Los tramos de sombra eran largos pero se alternaban con otros en los que los árboles nos abandonaban a nuestra suerte. Los viñedos seguían rodeándonos. Las uvas estaban aún pequeñas y ácidas, pero no resistimos la tentación de probarlas. Ya aparecían algunos olivares: nos acercábamos al Mediterráneo.

La mano delincuente.

Llegamos a Le Somail justo a la hora de comer. Nos recibieron el puente de Saint Marcel, del siglo XVII y un hermoso barco que es una tienda de víveres, además de unos cuantos restaurantes tentadores. Teníamos mucha hambre y estábamos bajo el sol implacable, así que decidimos que tocaba comer “como señores”. Escogimos un restaurante muy agradable, Le comptoir nature, y nos sentamos en una mesa al aire libre a pocos metros del canal. Una verdadera delicia.

Las niñas comieron filetes de pechuga de pollo a la plancha, con guarnición de ensalada y melón, que fue un éxito total; yo una ensalada con magret de pato ahumado y nectarinas que estaba increíble, pero el triunfo absoluto fue el Assiette du randonneur de Mauricio. Te lo explicaría, pero mejor te dejo la foto, ¿verdad?

Assiette du randonneur o plato del caminante

Yo pensaba darme por satisfecha con la ensalada, hasta que probé el sorbete de fresa de Amanda y supe que simplemente era el mejor que había comido en mi vida. Mauricio me hizo reparar en el letrero que hablaba de helados artesanos (hmmm…) y me apunté a un sorbete de melocotón, con auténticos trozos de deliciosa fruta fresca. Te digo que vale la pena la parada solo para probar los helados, aunque Le comptoir nature también ofrece habitaciones de alquiler y aseguraría que debe ser una buena opción para los que buscan más comodidad. Alquilan también botes eléctricos por hora y organizan excursiones. Los 34 euros que nos costó nuestro banquete estaban más que bien pagados, así que partimos satisfechos y contentos.

Después de la comilona retomamos el camino (¡menos mal que esta vez pedí ensalada!). Dejamos el Canal du Midi en su cruce con el Canal de Jonction, que es el que lo une con el Canal de la Robine (que llega a Narbonne y, así, al Mediterráneo).El camino es tan estrecho, que en algún momento tenía un pelotón de seis o siete ciclistas (muy high-tech ellos) que querían pasarme, pero para darles paso hubiera tenido que detenerme y tirar la bici a un lado entre la maleza.

Nos cruzamos con algún obstáculo inesperado, como desniveles infranqueables sobre dos ruedas, sobre todo en la Bullitt (¡mira las foto!), y dejamos los plataneros atrás: los pinos que nos acompañaban estaban muy lejos de ofrecer la misma sobra. A ratos nos salimos a la carretera junto al canal, en general para evitar los trechos en mal estado y, en una ocasión, porque nos cruzamos con la dolorosa escena de una tala de árboles que cortaba el paso.

Finalmente llegamos a Sàlleles d’Aude. Eran cerca de las cuatro de la tarde y aún quedaban muchas maniobras por realizar, así que dimos por acabada la ruta, aunque no la aventura. Ubicamos el camping municipal y ahí nos quedamos. Es muy pequeño (sólo 15 plazas) y está en una zona estrictamente residencial o al menos no parecía haber mucho que buscar por ahí a pie. Vamos, un sitio para dormir y poco más en principio, así que no era la mejor opción para lo que venía, pero tampoco teníamos ganas de dar más vueltas.

Escogimos un lugar aunque la recepción estaba cerrada hasta las 18:30 y, después de darse una ducha, Mauricio partió rumbo a la estación de tren de Narbonne en mi bicicleta, porque con la cargo bike hubiera sido imposible subir al tren y le convenía tener una bici para llegar de Toulouse al coche. Por lo que me cuenta, la ruta era confusa y se cruzó con otros ciclistas perdidos por el camino. Nota importante: se puede viajar con bicis en el tren pero en principio hay que reservar. Nosotros lo dejamos pasar, aunque ya lo sabíamos, y al final Mauro pudo subir por los pelos.

Mi espera en el camping con las niñas se vaticinaba aburrida, pero pronto llegaron otros ciclistas, y con ellos más niños. Abril y una pequeña de siete años llamada Maia, francesa, estuvieron viéndose y riendo durante casi una hora, curiosas e intimidadas al mismo tiempo por las barreras idiomáticas, aunque yo insistía en que eran fácilmente derrumbables. Mientras tanto, yo montaba las tiendas y las veía divertida. Finalmente, y con algo de ayuda, Maia logro comprender que Abril quería jugar a las escondidas y sucedió la magia. Abril, Maia, su hermano Esteban y Amanda no pararon de jugar hasta la hora de cenar, y por la mañana tardaron más en abrir los ojos que en reemprender la fiesta. Mauricio había llegado cuando ya dormíamos, agotado.

Día 8. El regreso a casa: De Sallèles d’Aude a Barcelona, ahora en coche

Con el regreso en coche no me voy a extender. Llegamos a Laucate y nos sorprendió la ciudad marítima que encontramos. Por un momento nos parecía estar en alguna urbanización moderna de playa de nuestra querida y añorada Isla Margarita. Mucho, pero mucho ambiente playero y deportivo. Paramos un rato en una playa infinita y al partir pasamos entre el lago y el mar. Creo que Mauricio estuvo a punto de cambiar la Bullitt por cualquier tabla que se deslizara sobre el agua. Un paraíso para los adeptos a los deportes de vela.

Seguimos hasta Perpignan, donde habíamos pensado parar, pero se acercaba una tormenta así que seguimos el camino. Decidimos que algún día volveríamos a Banyuls sur mer, aunque no conseguimos ni aparcar el coche, y finalmente nos comimos unas croques de jamón y queso que, por la hora, fue lo único caliente que pudimos conseguir además de creps dulces. Poco después llegamos a Portbou. Ya estábamos en España. Habíamos llegado a casa.

Te dejo los enlaces a las otras entradas de esta serie sobre el Canal du Midi:

También puedes leer la míni crónica del viaje por el Canal du Midi de Rubén de Erbimensajeros en su blog y familia, que tuvieron el valor de hacerla con su bebé de tres meses de sólo edad. Así de sabrosa y sencilla es. Definitivamente, te recomiendo la ruta.

¿Te apuntarías a un recorrido por el Canal du Midi? Con gusto contestaré cualquier duda que mi memoria me permita. 🙂

9 comentarios de “Cuarteto en bici por el Canal du Midi (V)

  1. yvepless dice:

    Mi amor, que crónicas mas sabrosas las de este viaje, lástima que terminaron… me imagino que los cuatro tendrán recuerdos para siempre de esa aventura….. me imagino que las niñitas los seguirán contando por mucho tiempo..
    Confieso que yo no me considero capaz de “vivir” en una bici por tantos días…acampé, si , alguna vez, pero nunca fue mi fuerte

    • Yve - la ecocosmopolita dice:

      Mami, se acabaron, ¡pero esperemos que vengan más! Qué bueno que las hayas disfrutado : )
      De momento, algo seguro es que las vacaciones han quedado definitivamente atrás ¡buahhh! y la función debe continuar.
      Y, muy importante, para hacer el camino no hace falta dormir en tiendas, que hay otras opciones, ni hacer una distancia determinada, ni hacerlo en bici, que también puedes instalarte en un punto y provechar para hacer caminatas o, claro, sacar provecho de los barcos. Creo que también puedes subirte a uno que te da un paseo turístico, tipo “bus”. Habría que planearlo ¡ya!

    • Yve - la ecocosmopolita dice:

      Es que soy una artista :). Aunque la verdad es que sólo a medias. Mauro fue el ideólogo y el modelo. Iba a subir hacia allá y desde abajo lo vio claro. Realmente quedó hermosa. ¡y sólo con el iPhone! Y como dicen por ahí, #nofilter

  2. Marilyn Plessman dice:

    Yve, el regreso de un viaje siempre lleva un feeling diferente, que el resto del recorrido, uno va entre queriendo ver todo detalle grabarse cada imagen en las pupilas, para poder recordar todo tal cual lo vimos, y las realidades de el cuerpo. La niñas deben haber sido las màs felices del mundo en èse viaje, y ustedes con la alegrìa propia y la de verlas disfrutar tanto a ellas. La foto del almuerzo en el Assiette du Randoneur, nos deja con las ganas… que rico, encontrarse con un lugar asì, y saber que està allì, con sus ventajas, su alojamiento y lo que tiene por ofrecer es un buen dato para el viajero. conseguirte luego con un espacio que pasara de lago, a playa en Margarita me pareciò fabuloso, no les dieron ganas de quedarse un tiempito màs allì? solo lo puedo imaginar…nunca habìa oido de Laucate, y suena como un sitio que vale la pena ir asì sea un fìn de semana entero, y bueno camino a casa Perpignan siempre lo quise conocer, làstima la tormenta.
    He disfrutado mucho todas las publicaciones del Canal du Midi, ( lindo el cuadro de Matisse) deben haber sido unas vacaciones maravillosas, y para nuestra suerte, con una protagonista que tiene buena memoria. ( hiciste notas en el camino) cuenta cuenta, me he quedado definitivamente con las ganas. Mil besos.

    • Yve - la ecocosmopolita dice:

      Rico es saber que los demás puedan disfrutar un poquito de eso vivido a partir de las anécdotas. Nosotros llegamos con ganas y disposición de hacer otros caminos verdes en bici y, a la vez, de volver con más calma y en otra onda a algunos de los visitados. En Laucate, por cierto, hay mar y hay lago, todo a la vez. Hay un estrecho entre ambos por el que pasamos; es realmente increíble. Además, kilómetros y kilómetros de playa. Y sobre lo de tomar notas, ni una. Conservaba las facturas de un par de camping (los otros no nos dieron y tampoco las pedí), y la tarjeta del Le comptoir nature me la tenía Mauro de “sorpresa”. Para el próximo viaje iré preparada y me ahorraré así horas en Google confirmando nombres de lugares. ¡iPad ya! jajaja. Un mapa para ir marcando las paradas tampoco me faltará. Un beso grande y ¡gracias por leer y comentar!
      PS: ¡No te quedes con las ganas!

  3. banjina dice:

    Es muy bonita esa ruta del Canal du Midi. Yo la reccorí con unos amigos. Fue una gran experiencia, pero no estuvimos tantos días como ustedes y no la conocimos con tanto detalle. Aún así, del viaje que realizamos en bici (Toulouse-Praga) fue uno de los tramos que más me gustó.
    Saludos desde México.

    • Yve - la ecocosmopolita dice:

      ¡Guao! Ya he visto tu blog. ¡Pasaste por el canal a velocidad que sólo habrás podido intuir imágenes del lugar! Con las dos pequeñas compañeras que llevábamos, a nosotros es lo que nos tocaba: ir lento y degustando. Ya haremos muchos kilómetros cuando les aburran las locuras de sus padres (aunque yo tengo esperanzas de que eso no ocurra, pero sé que no son realistas). En fin, qué gran viaje has hecho. Estaré pendiente de la historia. Y qué final. Praga es la ciudad más bella que conozco. ¡Un abrazo!

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